Las ranas pidiendo rey: Una lección de humildad

En un tranquilo estanque lleno de vida, un grupo de ranas decidió que necesitaban un rey. Este cuento nos mostrará cómo se desató una inesperada aventura cuando las ranas pidiendo rey se reunieron para plantear su deseo ante los dioses del agua.
Era un hermoso día de primavera y el sol brillaba sobre las aguas del estanque. Una rana sabia llamada Lila reunió a todas sus amigas. «Amigas,» dijo Lila, «hemos estado viviendo aquí sin un rey. Necesitamos alguien que nos guíe. ¡Vamos a pedir un rey!» ✨
Las ranas comenzaron a croar emocionadas. «¡Sí! ¡Un rey! ¿Qué tipo de rey deberíamos pedir?» preguntó una rana pequeña llamada Rita.
“Quiero que nuestro rey sea fuerte y sabio,” aportó una rana mayor, sacudiendo su piel arrugada. “Necesitamos alguien que nos proteja de los peligros del estanque.” ⚔️
Lila, entusiasmada, propuso: “¿Y si pedimos un rey que tenga alas? Así podrá volar y asegurarse de que nadie nos moleste.”
Las ranas, llenas de inquietud, decidieron que al día siguiente irían a pedir un rey a los dioses. Todas croaron juntas: “¡Queremos un rey!”
Al llegar la mañana, hicieron un gran ritual en la orilla del estanque, y con todos sus corazones, gritaron: “Dioses del agua, ¡queremos un rey!”
De repente, una gran ola se levantó y un majestuoso pato apareció ante ellas. “Yo seré su rey”, dijo el pato con voz profunda. Las ranas, sorprendidas y asustadas, se miraron entre sí. “¿Un pato? ¡Es demasiado grande!” ❌
Sin embargo, el pato comenzó a gobernar con firmeza, y las ranas pronto se dieron cuenta de que él no las podía proteger, pues se dedicaba a nadar y a cazar a los insectos. “¡Ay! ¡Este no es el rey que pedimos!” croó Lila.
Después de un tiempo, las ranas le pidieron que se fuera. “Con un rey así, solo hemos tenido problemas,” se quejó Rita. El pato, aunque sorprendido, se despidió y se fue nadando muy lejos. ♂️
Las ranas, desesperadas, volvieron a reunirse. “Lo hemos hecho mal, hemos pedido algo sin pensar,” comentó Lila. “No necesitamos un rey que sea poderoso, sino uno que sepa cuidar de nosotras.”
Decidieron una vez más pedir al cielo ayuda. Esta vez, elevaron su voz con aún más fuerza: “Queremos un rey que realmente nos cuide.”
Un rayo de luz brilló sobre el estanque, y entonces una pequeña rana verde apareció. “Soy un rey sencillo, pero haremos de este lugar un hogar seguro y feliz.”
Y así fue como las ranas pidiendo rey aprendieron que no siempre se trata de buscar poder, sino de encontrar el cuidado y la humildad en el liderazgo.
Moraleja:
Es mejor un rey humilde que un rey poderoso sin amor. ❤️





