La rana sorda y su viaje hacia la amistad ✨

En un hermoso estanque, donde los juncos danzaban con el viento, vivía una rana muy especial, conocida como la rana sorda. Esta es la historia de su aventura en busca de comprender el mundo que la rodeaba y de la amistad que se forjó en el camino.
Un día soleado, la rana sorda saltó a la orilla del estanque. Sus amigas ranas croaban felices, pero a ella no le llegaban los sonidos del agua o las risas. “¿Por qué no puedo disfrutar de su risa?”, pensó con tristeza. Entonces, decidió acercarse a una rana llamada Lila, que siempre tenía buenas historias que contar. “¡Hola, Lila!”, saludó la rana sorda. “¿Puedes contarme lo que dicen tus croares?”
Lila, aunque no entendía del todo, sonrió y respondió: “¡Claro, amiga! Estamos hablando sobre el día en el que la luna brilla en el agua. ¡Es hermoso!”. La rana sorda se sintió un poco triste. “Pero no puedo escuchar la luna… ni los croares”, dijo, con una lágrima salpicando su piel verde. “¿Cómo podré disfrutarlo todo sin poder oír?”.
El pequeño pez que pasaba por allí, llamado Peque, se acercó y dijo: “¡No te preocupes! Tal vez no escuches, pero puedes sentir. La luna sí se ve hermosa reflejada en el agua. ¿Por qué no intentas disfrutarla de otra manera?” La rana sorda sonrió por primera vez. “No lo había pensado. ¡Gracias, Peque!”
Con nuevas ganas, la rana sorda decidió que iría al fondo del estanque. Saltó de piedra en piedra y encontró un lugar perfecto donde la luz de la luna se reflejaba. Se sentó, cerró los ojos y dejó que sus otros sentidos se llenaran con la belleza del lugar. “¡Es mágico!”, exclamó, sintiendo la suave brisa y el frescor del agua en su piel. ✨
la rana sorda no podía oírlo. Sin embargo, veía la alegría en su rostro y comprendió el significado de la felicidad. “Juan, ven a ver la luna desde aquí”, llamó Lila al resto de ranas. “¡Es un espectáculo que la rana sorda nos ha enseñado a disfrutar de otra forma!”
Al día siguiente, la noticia se esparció entre las ranas del estanque. “¡La rana sorda ha encontrado la manera de ver la luna!”, decían. Al escuchar esto, la rana sorda se sintió emocionada. Pronto, todas las ranas vinieron a compartir momentos con ella. En lugar de solo croar, comenzaron a sentir juntos la belleza de su entorno.
Moraleja:
“Hay muchas formas de encontrar belleza en el mundo; no siempre se necesita oír para entenderlo.”





