La Serpiente y el Granjero: Fábulas Cortas para Niños

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Esta es una fábula que nos enseñará sobre la importancia de la confianza y la bondad en las relaciones entre los seres vivos. La serpiente y el granjero nos mostrarán que, a veces, las apariencias pueden engañar.

Una mañana soleada, el granjero Pedro salió a trabajar en su campo. Mientras cultivaba hortalizas, escuchó un suave susurro. Al asomarse, vio una serpiente enredada entre las ramas de un arbusto. “¡Ayuda! ¡Por favor, ayúdame!”, dijo la serpiente con voz débil. Pedro, un hombre de buen corazón, se acercó con precaución.

“¿Por qué debes perder tiempo en ayudar a una criatura como yo?”, preguntó la serpiente, que al fin había sido liberada de su trampa. “No temo a las serpientes, pero tampoco confío en ellas”, respondió Pedro, frunciendo el ceño. “¿Y por qué debería hacerlo después de que me has engañado?”

La serpiente le contestó: “Entiendo tu desconfianza, granjero, pero no tengo intención alguna de hacerte daño. Solo pido que me ayudes a salir de este lugar. Si me dejas ir, te prometo que no te causaré ningún problema”. Pedro reflexionó un momento y, al final, decidió ayudarla. “Está bien, lo haré, pero debes prometérmelo”.

Una vez libre, la serpiente se deslizó por el campo y desapareció entre los pastos. “Adiós, generoso granjero. Te lo prometo, no olvidaré tu bondad”, susurró en lo que se alejaba. Así pasaron los días y Pedro continuó su jornada, olvidando el extraño encuentro con la serpiente.

Cierta mañana, mientras Pedro estaba trabajando, sintió un dolor agudo en su pierna. Miró hacia abajo y vio que un grupo de ratones estaba devorando sus zanahorias. “¡Demonios! ¿Cómo puedo evitar que los ratones destruyan mis cultivos?”, clamó desesperado. Justo en ese momento, apareció la serpiente de días atrás. “¿Qué te sucede, granjero?”

Pedro, sorprendido, respondió: “Están arruinando mis cultivos y no sé qué hacer”. La serpiente sonrió. “Déjamelo a mí. Ya conoces mi promesa, y no pienso fallarte”. En un abrir y cerrar de ojos, la serpiente se deslizó entre los cultivos, asustando a los ratones, que huyeron despavoridos.

Contento, Pedro exclamó: “¡Gracias, querida serpiente! Nunca imaginé que podrías serme de tanta ayuda”. La serpiente respondió: “La bondad siempre regresa. Así como tú me ayudaste, yo he salvado tus hortalizas”. Desde aquel día, el granjero y la serpiente formaron una curiosa amistad, aprendiendo a confiar el uno en el otro.

Moraleja:

La confianza y la bondad pueden surgir incluso entre los seres más diferentes.

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